La justicia vale más que un imperio – León Felipe

Amigos, escuchadme: No hay más que dos pociciones en el mundo: la de los que quieren la paz y la de los que quieren la justicia. La paz hoy la quieren los mercaderes porque con ella se hacen mejor las transacciones y los cambalaches. Y la justicia la defienden los poetas y el hombre prometeico porque con la justicia se camina hacia la luz y la renovación. No importa lo que pueda acarrear la defensa de la justicia; podrá traer consigo la ruina y la desolación, pero el hombre se habrá salvado siempre. Y si el hombre se salva, la victoria es suya: del hombre. ¿Y qué otra cosa importa sino el hombre? ¿O es que estamos aquí para servir al mercader, al go-getter y al pescador de caña?

No hay más que dos posiciones esenciales en el mundo: la de la caña de pescar y la de la lanza manchega; la del pescador inglés y la del payaso español: la heroica y la pracmática. Todo lo demás no son más que las viejas protestas que se han alzado siempre contra ese zorro pescador, que ha edificado una presas enormes con el oro de su rapiña, a las corrientes de la Historia, a la evolución del mundo, y más le importa defender su imperio que salvar al hombre.
Porque lo que diferencia estas dos posiciones es que la caña de pescar pone el imperio por encima del hombre y la lanza manchega pone al hombre por encima del imperio. Por eso España perdió su imperio, pero salvó al hombre; mientras que Inglaterra, queriendo salvar su imperio, ha perdido al hombre. Hoy ha perdido ya al hombre y al imperio. Nadie tiene ni conquista hoy un imperio. Ni Inglaterra tiene el suyo, ni el Führer ni el Duce conquistarán una jamás. No se sale a buscar un imperio por el mundo; se sale por el mundo llevando en la mano la justicia. Luego el imperio se aparece de improvisto para darle ocasión al hombre de usar esa justicia. Después se deja o se pierde el imperio y se lleva uno la justicia consigo, porque ella es la generadora de todos los imperios legítimos, los cuales, si ayer fueron materiales y fingidos, mañana tendrán otras dimensiones donde la justicia se acomode con más holgura. Si Sancho gobernó ayer una isla de mentira, bien puede gobernar mañana un mundo de verdad, porque al dejar el gobierno se llevó la justicia con él.

La justicia vale más que un imperio,
aunque este imeprio abarque toda la curva del Sol. Y cuando la justicia,
herida de muerte, nos llama a
todos,
a todos los hombres,
en agonía desesperada,
nadie puede decir:
Yo aún no estoy preparado.
La justicia se defiende con una lanza rota y con una visera de papel.

Este es nuestro evangelio. El vuestro también. Cubanos, mexicanos, hispanoamericanos: Estáis hechos de muchas cosas: de agua, de viento, de arcilla, de misterio… Pero en vuestra sangre hay un sabor amargo e indeleble de juscia, que, por encima de sus pecados y de sus torpezas políticas, os lo puso este clown ibérico de las bofetadas, y que debéis guardar y defender sobre todas las cosas como un legado divino…

León Felipe

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