De los controles y contrapesos del sistema democrático en España a principios del siglo XXI – Ismael R. G.

Uno de los pilares esenciales de una democracia moderna es la separación de poderes*.
Si los tres poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) no se controlan entre ellos un sistema puede no ser democrático, por mucho sufragio universal que tenga. En España en la primera década del siglo XXI los tres poderes del Estado estaban controlados por un ente superior: el Partido Político -PP en adelante-.
Un PP que gana unas elecciones en España pasa a controlar casi totalmente los tres poderes. El Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo se le otorga al partido que gana las elecciones generales. Y además elige mayoritariamente a los miembreos de CGPJ, que es el órgano de gobierno del Poder Judicial; por lo que el PP controla 2 poderes y la cabeza del tercer poder.

Este tipo de sistemas políticos ya los definió Norberto Bobbio como Partidocracias**, carentes de un pilar necesario de la democracia, pues no se aplican los controles y contrapesos que exije una democracia moderna.
Además en España no es necesario que el número 1 de un PP sea elegido en elecciones democráticas internas -por sufragio de sus militantes-; el número 1 de un PP en España se puede poner a dedo, no hay ninguna ley que lo impida. Si bien es cierto, que a día de hoy (2019) todos los PP de España tienen un número 1 elegido por sus bases.
Pero hace 10 años no. De tal manera que el PP en España controlaba los tres poderes casi en su totalidad. Y pasó lo que tenía que pasar [¡qué chorprecha!], sin control el PP abusaba de su posición; podía ser corrupto sin problemas, él mismo era el garante de vigilarse.

Sin embargo, el control de poderes funcionó. Solo el cuerpo del Poder Judial -la cabeza de este poder también la controlaba el PP- consiguió contrapesar la enorme corrupción del PP. Los funcionarios del Estado, mayormente dependientes del poder judicial (policia judicial, guardia civil, fiscales, jueces…) consiguieron parar el abuso y la desviación de poder que el PP ejerció en la primera decada de este siglo.
Denuncia a denuncia, investigación a investigación, proceso judicial a proceso judicial nuestros funcionarios pararon los pies al PP, teniendo en cuenta que se torpedeaba su cometido por sus propios jefes, en muchos casos.

La mayor parte de los componentes de los órganos de cuerpos seguridad del Estado son personas honradas, que hacen muy bien su trabajo, que no es otro que velar por la Justicia en España. Las tripas de la justicia española están sanas.
Y gracias a esas personas España ha superado la Partidocracia, haciéndose así democrática plenamente.

*El espíritu de las leyes, De l’esprit des lois, Montesquieu (en 1748).
**Partidocracia, Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino, Diccionario de Política (México: Siglo XXI Editores, 1991).

Ismael Ramos García
(colegiado 81.897 del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid)

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